El costo es uno de los primeros retos a sortear cuando se decide desarrollar una aplicación móvil

A decir de especialistas en el negocio de las TIC (Tecnologías de la Información), ofrecer una aplicación gratuita resulta atractivo para usuarios potenciales. Si la app les resulta atractiva, se quedará en su smartphone o tablet, si no se desinstalará y solamente habrán invertido unos cuantos minutos en probarla.

También, se debe tomar en cuenta que hay 10 probabilidades más de que una app se descargue durante los primeros días si es gratuita, lo cual resulta fundamental en su posicionamiento y visibilidad.

Sin embargo, los expertos también dicen que las aplicaciones gratuitas algunas veces se asocian con un producto poco elaborado, por lo que el que tenga algún precio puede resultar atractivo para el consumidor, especialmente en plataformas como iOS.

Una forma de ganar dinero, si optamos por el modelo gratuito es introduciendo publicidad. Ahora bien, si se decide introducir pagos dentro de la aplicación, se debe pensar primero ¿cuánto creemos que están dispuestos los usuarios a pagar por ella? En ocasiones resulta complicado determinarlo, por lo que es buena opción conocer cómo está la competencia, cuáles son las más populares y cuánto están cobrando por ella.

Por eso es clave saber a quién nos dirigimos. Por ejemplo, si es una app para el sector negocios, dirigida a empresarios, es probable encontrarse con menos trabas para cobrar; a diferencia si es un juego orientado a público joven. Necesario cambiar de modalidad.

Hay que conocer al público, el sector y en función de estas dos variables elegir la estrategia, que en cualquier caso se requiere cautela por ejemplo, Rovio, creadores de Angry Birds, tuvieron que hacer 50 juegos antes para dar en el clavo.

Compras dentro de la aplicación

Aquí nos referimos a plantearse la inserción de un modelo que no a todas las aplicaciones le queda, pero que para algunos casos puede ser una fuente de ingresos.

Cobrar dentro de la aplicación significa que una vez descargada por el usuario, pagando antes o no, la app dispone de una serie de servicios adicionales que no son necesarios para el uso normal pero sí que ofrecen un plus que tendremos que intentar compensar con lo que vayamos a cobrar por él.

Dicho modelo funciona con las aplicaciones gratuitas, ya que como se mencionó, dependiendo el público, el precio de una app puede eliminar ese deseo de probarla.

Hay muchos ejemplos de este tipo, sobre todo juegos: cobrar por tener más personajes, dinero virtual (canjeado por real) para avanzar más rápido, entre otros.

Suscripción y servicios Premium

Este es un territorio más de herramientas que de juegos u otro tipo de categorías. Si bien no es precisamente un concepto novedoso o “innovador”, se ha adaptado bien al negocio de las apps.

Un buen ejemplo es Spotify. Su versión Premium elimina la publicidad, permite guardar canciones para no requerir Internet y permite diferentes opciones de reproducción en smartphone y tablet, ya que en dichos dispositivos, el servicio gratuito únicamente tiene la opción de “aleatorio”. Otro caso exitoso es Evernote, que facilita más capacidad de almacenamiento entre otras funciones exclusivas en su membresía pagada.

No existe ningún método que sea la panacea para todas las aplicaciones, pero la correcta elección de un método para conseguir beneficios si es la clave. Lo que vale para una aplicación, no tiene porqué valer para el resto.

Cabe reiterar que es importante conocer a nuestro público, quiénes van a terminar usándola y su susceptibilidad a pagar por ese servicio, bien sea por publicidad, por un sólo pago o a través de suscripciones o compras dentro de la aplicación.

 

Vía: BuildIT