Hace más de 50 años, si una persona necesitaba dinero en efectivo tenía que acudir al Banco más cercano, y si no lograba llegar en el horario de atención a clientes, se quedaba sin dinero hasta el día siguiente. Esta problemática la vivió John Sheperd-Barron, quien fue el inventor del cajero automático.

Para su creación pensó en las máquinas expendedoras de chocolates, en las cuales, al insertarles una moneda y jalar una palanca se abría un cajón donde se entregaban los dulces. John en vez de chocolates, pensó en dinero a cambio de un cheque.

Estos cheques estaban impregnados de carbono 14, por lo que al ser introducidos en el cajero, se reconocía su autenticidad y se entregaba el dinero.

Sin embargo, antes de insertar el cheque, el cliente debía identificarse con una clave; así fue cómo nació el PIN (Personal Identification Number) o clave personal de 4 dígitos, que se ha convertido en un estándar mundial.

Posteriormente las tarjetas de plástico reemplazaron a los cheques y desde ese momento a la fecha, sus mejoras han sido diversas. En 1972 llegó el primer cajero a México y desde entonces hemos visto cómo se accede a más servicios y funcionalidades, pero sobre todo, cómo la gente los hizo parte de su vida diaria.