Hasta hace algunos años las crisis económicas eran un tema recurrente; hasta el año pasado parecían formar parte de nuestra historia,  sin embargo este 2016 trajo un enero negro para los mexicanos. A diferencia de otras crisis, es que ésta,  con una depreciación del peso frente al dólar, la caída del precio del petróleo y la bolsa mexicana de valores con altibajos, se convirtió en mundial, no local.

Es imposible que cerremos los ojos ante los efectos negativos; la depreciación del peso frente al dólar, ha provocado fuertes pérdidas cambiarias a las empresas, lo cual se traduce en menos inversión, generación de empleos y crecimiento económico.  Sería ingenuo pensar que esta depreciación del peso no se va a traducir en un aumento generalizado de los precios de bienes y servicios, afectando no sólo a las empresas,  sino directamente a la economía de las familias.

Es importante que las compañías revisen sus niveles de endeudamiento –que si además están en dólares, habría que renegociarla en pesos-, la fórmula ante las devaluaciones es buscar el desarrollo del mercado interno y la inversión del gobierno, esto para frenar un poco el impacto de la depreciación del peso, -y sólo un poco- ya que en nuestra economía las importaciones siguen siendo superiores a las exportaciones.

Por: Periódico Divergente

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