¿Hasta dónde tolerar las excentricidades y retener a un empleado que no se adapta a la disciplina del grupo?

Por: Periódico Divergente

El talento es un factor esencial para el éxito. Las áreas de Recursos Humanos en las empresas se esfuerzan para contratar a los trabajadores más capaces y con las mejores competencias.

Pero, ¿qué sucede cuando detrás de ese currículum destacado y expertise inigualable -que promete a un empleado modelo-, se encuentra un trabajador tóxico que no se adapta al plan corporativo?

Los empleados tóxicos son aquellos que rompen el ritmo de trabajo, ejercen una influencia negativa sobre los equipos de trabajo, no sólo perjudicando el desempeño y productividad, sino el interés y la participación de cada uno de los colaboradores.

Trabajadores-Toxicos

 

En su libro “Jefes irritantes y empleados tóxicos”, Francisco Muro Villalón, experto en Coaching Empresarial, asegura que existen diversos tipos de empleados nocivos que no aportan nada a la productividad de las empresas.

Con el fin de reconocerlos y poder neutralizarlos, a continuación DIVERGENTE te muestra algunos personajes típicos:

El intocable. Tiene una fuerte relación con alguien poderoso de la organización. Cuando alguien usa esta posición para fastidiar a otros o recibir un trato preferente, la situación se suele tornar perjudicial para la empresa.

El agitador. Trata de enfrentar a los compañeros usando rumores o insinuaciones. Aunque sus chismes pudieran parecer sin sentido, sus repetidas actuaciones consiguen disminuir la productividad del equipo de trabajo.

El bélico. Está en constante tensión. Cualquier incidente, por pequeño que sea, le provoca una reacción agresiva. Si estás cerca de uno de ellos sientes como si te estuviera vigilando.

El mil quejas. Siempre tiene algún motivo: la hora de entrada, el checador, el café, los otros compañeros, la temperatura de la oficina, la papelería. Da igual, siempre encontrará un motivo para quejarse.

El envidioso. Su objetivo es boicotear los proyectos ajenos. Siempre trata de buscar aliados, llegando a la calumnia si fuera necesario.

El descalificador. Trata de controlar la autoestima de los demás, disminuyéndola, para así poder brillar y ser el centro de atención.

El holgazán. Siempre parece cansado, nunca entrega el trabajo a tiempo. Si fuera por él no trabajaría. Pasa demasiado tiempo procrastinando. Es excelente con los pretextos.

El mal jefe inmediatoEs abusivo, prepotente y nunca acepta sugerencias: cree que todo lo que él hace está bien, aunque no lo esté.

El chismoso. Difunde rumores de manera constante para minar la imagen de la persona a la que quiere desprestigiar. Las conversaciones alrededor de una cafetera en los descansos de trabajo son un buen lugar para sus pretensiones.

El criticón. Pone objeciones a todo. Son hirientes porque disfrutan con lo que hacen y además tienen un campo de actuación muy amplio: el trabajo de los demás, su forma de vestir, y en la manera de relacionarse con los demás.

 El inseguro. Este tipo de persona suele ser incluso un jefe. Alguien que tiene bajo su cargo a otros. Suelen ser personas muy inseguras de sí mismas o muy ignorantes, por eso, incitan miedo o presión a sus subordinados para dar fe del control y poder que tienen. Todo debe ser aprobado por él aunque sean temas irrelevantes.

El negativo. Lo ve todo muy “oscuro”. Son los reyes del “si, pero…”.Nunca ven oportunidades; tan solo problemas. Son verdaderos expertos en contagiar su negatividad al resto del grupo, retrasando la puesta en marcha de los proyectos.

El conflictivo. Critican siempre, cuestionan las decisiones, hablan mal de la empresa con los clientes y levantan rumores falsos.

El ladrón. Mienten, falsifican documentos e informes, cometen fraudes, roban material de la empresa e incluso usan la tarjeta corporativa para fines personales.

El arrogante. Actúan como si sus funciones fueran las más importantes de la empresa, no asumen nunca sus errores, opinan sobre lo que no saben y buscan el protagonismo.

El Incompetente. Hacen sus tareas de forma desordenada e irresponsable, interpretan siempre erróneamente las instrucciones, no cumplen los plazos y retrasan a los demás.

¿Qué hacer con los trabajadores tóxicos?

Para Jorge A. Llagun, experto del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE Business School), existe una regla sencilla para trabajar con empleados disfuncionales y es llamada la regla de las “Cuatro T’s”: Transformar, Transferir, Tolerar y Terminar. En ese orden.

‘Transformar’ a los colaboradores cuyo problema es de falta de capacitación, de experiencia o motivación. Tiene que ver con “educar”, “desarrollar”, “potenciar”, “compartir retos y logros” y es la actividad propia del líder. La transformación de un subordinado exige que el empleado voluntariamente acepte este cambio de lo contrario sería un desgaste inútil por parte de la organización.

‘Transferir’ al subordinado a un proyecto o área más acorde con sus capacidades. Se hace con aquellos cuya vocación o experiencias resultan de mayor provecho en tareas distintas, o bien, con quienes no encuentran la motivación adecuada.

Tolerar’. Se debe evaluar si las conductas disfuncionales del empleado pueden más que sus aspectos positivos. Es necesario realizar un balance costo-beneficio sobre la actuación de la persona y así aceptarle tal y como es.

Terminar’. Si tras un análisis profundo se determina que no es posible realizar ninguna de las tres “T’s” previas, entonces es necesario finalizar la relación laboral. Cuando el empleado debe salir por intenciones negativas, tendrá que ser despedido de manera tajante.

Según un estudio del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE) entre el 5 y 15% de los empleados en una mediana o grande empresa tienen un perfil negativo, que dañan el ambiente laboral y afectan los objetivos de la empresa, por lo que en poco tiempo las áreas pueden estar compuestas por empleados desmotivados y poco productivos.