Con tintes complicados para la economía mexicana, despedimos al primer trimestre del año 2016. Debido a la fase de desaceleración, este periodo podemos calificarlo como negro. Hay dos frentes que traen vueltos locos a quienes toman las decisiones sobre la economía. Y no es para menos.

El primer vertiente es el precio del petróleo, que ante una oferta excesiva se ha venido deprimiendo -sin vislumbrarse a corto plazo un posible rebote- lo que deja al descubierto el equilibrio externo y la sustentabilidad de las cuentas públicas. Esto sin contar la inminente quiebra de PEMEX ante la falta de liquidez.

En segundo lugar, la posibilidad de que la Reserva Federal (FED) o Banco Central de Estados Unidos, inicie un nuevo aumento en la tasa de interés referencial, en un contexto de incertidumbre sobre la economía global y los mercados financieros. Si esto sucede podría detonar la salida de capitales,  generando volatilidad del tipo de cambio y en la bolsa de valores.

Adicional a lo anterior en lo que va del año, el peso se desplomó y se sigue desplomando ante el dólar. Y no sólo eso, gracias a la apatía del consumo en México, desde hace más de un año, se han logrado frenar los efectos inflacionarios.

Además el Banco de México (Banxico),  ha acumulado un monto colosal de reservas internacionales, cuyo monto asciende a 195 mil 000 mdd, de los que ya ha echado mano, con el objetivo de estabilizar la divisa.  Bajo este efecto es importante anotar que las divisas previstas por la reforma energética serán menores.

Por otro lado , el déficit fiscal acumulado entre enero y febrero, fue de 150 mil 745 mdp, más del triple de lo observado en el mismo periodo del año pasado.

México debe mostrar que goza de la capacidad de solidez y firmeza a diferencia de los otros países emergentes,  para dar confianza y certidumbre a los inversionistas ante las posibles turbulencias de los mercados internacionales.

BY: C.P IVÁN O. ROJAS DOSAL
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