Por: Iván Rojas Dosal

La elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos conmocionó a México. Las primeras consecuencias ya se han observado: al día siguiente de las elecciones, el peso mexicano se devaluó en relación al dólar, la Bolsa Mexicana de Valores cayó de manera importante, se incrementó la salida de capitales del país y muchas empresas con intereses en México decidieron parar sus proyectos de inversión por presión del presidente electo.

Y es que la mayor parte de los analistas financieros estiman que la victoria de Trump va a tener un impacto negativo a corto y medio plazo en la economía mexicana, que con una moneda más débil, con una mayor inflación y un menor consumo interno va a ver reducidas sus expectativas de crecimiento en 2017.

México es el tercer socio comercial de Estados Unidos, después de China y Canadá. Las exportaciones de México a Estados Unidos corresponden en un 80% a productos manufacturados y casi seis millones de empleos en EU dependen del comercio con nuestro país.

A pesar de estas cifras, Donald Trump amenaza con revisar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), así como impulsar políticas para limitar la entrada de productos mexicanos a Estados Unidos, como fue el caso de los fabricantes de los acondicionadores de aire Carrier.

 A la llegada del  “huracán Trump”, se suma la renuncia del gobernador del Banco de México (Banxico), Agustín Carstens, que sin duda repercutirá de forma directa sobre la economía nacional, generando un factor más de incertidumbre frente a los mercados internacionales. Se va dejando una depreciación de más del 50% y en medio de un divorcio entre la Secretaría de Hacienda y el Banco de México, provocado por las diferencias en el pronóstico de crecimiento económico.

Pese a todo este contexto, el empresario Carlos Slim ha señalado que la administración de Trump no será tan perjudicial para México ya que representa una oportunidad para volver a centrarse en el mercado interno, que ha sido descuidado durante décadas, pues “México debe voltear a ver a México”.

Y si, consumir lo mexicano ayuda a nuestra economía, porque tienen un precio competitivo, porque respetan regulaciones ambientales, porque pagan impuestos, porque son productos de calidad y claro, porque dan empleo.

México necesita una legislación y políticas públicas que hagan atractivas las inversiones en el país, que faciliten la apertura de empresas, fomenten la competitividad, que mejoren los salarios y que repiensen el modelo económico que claramente le ha fallado a muchos. La determinación de incrementar el salario mínimo a 80.04 pesos para 2017, es un avance que va en la dirección correcta, pero es aún insuficiente.