Por: Iván Hernández

La industria fílmica a nivel mundial es un panorama lleno de contrastes donde las mega producciones hollywoodenses sorprenden por sus costos; mientras que del otro lado del mundo el denominado “Bollywood” impresiona por su generación casi mecánica de títulos.

Pero hay un mal que afecta a todos por igual, sin importar género, estilo o director. Este mal no es otra cosa que la piratería o en términos legales, la distribución, reproducción o copia de material intelectual sin el permiso de los creadores o distribuidores.

México es un país que no es ajeno a dicho mal, siendo actualmente el tercer lugar en el apartado de piratería según cifras de la UNESCO; lo que aproximadamente genera pérdidas a la industria fílmica de cerca de 1.1 mil millones de dólares anuales, y en términos de recaudación federal (por exhibición, impuestos y regalías) la cifra se aproxima a los 167 millones de dólares.

Bajo datos de la revista Forbes 8 de cada 10 mexicanos han adquirido productos pirata por lo menos una vez en los últimos 3 meses.”

Según la encuesta de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica y del Videograma (CANACINE) 2015, el 94% de los entrevistados aceptó comprar piratería mientras que el 57% comentó que recomendaría la adquisición de artículos ilegales.

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Cifras como estas reflejan que la sociedad mexicana está consciente de que la piratería es ilegal, pero aún con ello decide consumirla dado su precio “competitivo” sobre un artículo original.

Sin lugar a dudas mucho de este mercado pirata tiene preferencia en el consumidor ya que, en efecto el costo no afecta el bolsillo (considerando una salida austera a una sala de cine, el precio oscila entre los 300 y los 700 pesos considerando una familia de 4) por lo cual las familias mexicanas dan preferencia a productos de dudosa calidad.

Con estos números nos podemos percatar que la industria en México tiene que afrontar esas cifras y buscar la opción para obtener las ganancias suficientes, que le permitan seguir produciendo títulos.

A pesar de esta perspectiva que podría aparentar un terrero un tanto desolador, estamos convencidos de que la piratería es un mal que se puede y debe combatir. DIVERGENTE te comparte algunas posibles soluciones al problema, que si bien no puede erradicar de tajo, con acciones conjuntas es posible su manejo y posible término.

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Educación: El fomento de una cultura por el respeto del derecho de los creadores de ideas intelectuales, desde edades tempranas puede llevar a que los niños crezcan, con el apoyo a estos derechos y el rechazo a prácticas comerciales ilícitas.

Crear conciencia: De mano con el punto anterior es necesario concientizar a la población que el consumo de productos pirata, sólo es un beneficio instantáneo al bolsillo, ya que tiende a crear un riesgo para la estabilidad económica de un país.

La piratería es un problema que no desaparecerá hasta que se adopten las medidas necesarias, para demostrar a las audiencias y a los consumidores que la relación entre precio y calidad es uno de los puntos fuertes de la industria, y con ello el combate a la piratería se verá fortalecido debido a la disminución de la oferta y la demanda de productos ilegales.

Lee la nota completa en la edición impresa del Periódico Divergente, del mes de junio.