Prepararse para el ocaso de la etapa laboral no es una característica sobresaliente dentro de la cultura del latinoamericano, así lo reflejó un estudio1 de conductas y costumbres de diferentes etnias que radican en Estados Unidos (asiáticos, afroamericanos, blancos e hispanos), donde los últimos parecen pensar menos sobre la llegada de la jubilación debido a que:

• Solamente la mitad concuerda que ahorrar para la jubilación es su meta más importante a largo plazo.

• 36% no se siente muy preparado para la jubilación.

• 18% admite no emplear tiempo alguno para pensar en ella.

• Únicamente el 19% trabaja con un profesional financiero (consejero, asesor, representante, etc).

En México la situación no dista mucho de estas estadísticas, si revisamos algunos datos arrojados en la Encuesta Nacional sobre la situación que enfrentan las personas en edad de retiro laboral2 realizada por la Asociación Mexicana de Afores (AMAFORE), encontramos que:

• 41% de los encuestados todavía trabaja.

• 28% es dependiente económico de algún familiar.

• Sólo 23% hizo en alguna etapa de su vida planes para el retiro laboral.

• 37% realizó algún tipo de ahorro o inversión por iniciativa propia para cuando ya no pudiera trabajar.

Lo anterior demuestra que es necesario trabajar más en el hábito del ahorro y ser más conscientes desde hoy, en la construcción de las bases del futuro que deseamos después de la etapa laboral. Podemos comenzar por reconocer algunos malos hábitos que no permiten mejorar nuestra cultura de ahorro para el retiro:

“Falta mucho y no es necesario preocuparme por comenzar a ahorrar”

Desde que inicia tu vida laboral debes interesarte en ahorrar; la realidad es que mientras más joven eres, menos compromisos financieros tienes y más diversificadas están las inversiones que se hacen con tus recursos de tu cuenta de ahorro para el retiro, en contraste, mientras más cercano estás al retiro, tus inversiones son más conservadoras.

Recuerda que los recursos de tu cuenta individual y los de otras personas se invierten para obtener mayores rendimientos a través de las Siefores (instrumentos de inversión que administran las Afore), de acuerdo a la que corresponda a tu edad.

• Siefore básica 4: 36 años y menores.

• Siefore básica 3: entre 37 y 45 años.

• Siefore básica 2: entre 46 y 59 años.

• Siefore básica 1: 60 años y mayores.

“Mis hijos verán por mí en un futuro”

Hace unas décadas, era común que los hijos se hicieran cargo de mantener económicamente a sus padres, sin embargo, el panorama demográfico3 y la cultura familiar han cambiado, cada vez se tienen menos hijos, la esperanza de vida es mayor (77 años para las mujeres y 72 para los hombres4) y además la mayoría de la población en México se encuentra en edad laboral, aunque dicha condición no es permanente, en unos años pertenecerán a un rango de edad idóneo para el retiro.

“Mi calidad de vida después del retiro será igual”

En ocasiones se tiene la noción de que nuestra calidad de vida será la misma después del retiro, sin embargo, no necesariamente sucede así. Seguramente conoces el papá, tío o abuelo que se jubilaron con un pago similar a su último sueldo, no obstante, la legislación ha cambiado, es importante que revises en que régimen te encuentras. A partir del régimen de 1997, cuando llega el momento del retiro, tu mensualidad depende completamente del ahorro que hayas acumulado. De ahí la importancia de que te preocupes por realizar aportaciones voluntarias, es decir; depósitos adicionales a tu cuenta individual para incrementar el ahorro para tu retiro. Una de las grandes ventajas es que no existen mínimos ni máximos para hacer aportaciones, para darte una idea de cuánto tendrías en tu cuenta al momento de jubilarte, puedes consultar la calculadora de Consar en www.consar.gob.mx y conocer lo que requieres para mantener tu calidad de vida cuando llegue tu retiro.

“Tengo poco interés por saber qué sucede con mi Afore”

Es importante que estés pendiente de lo que sucede con tu Afore; recuerda que se trata de instituciones que resguardan, administran e invierten los recursos que aportan por ley: el Gobierno Federal, tu patrón y tú; y que servirán para el pago de tu pensión. La Afore es más que una cuenta individual donde se acumulan las aportaciones bimestrales que se realizan a partir de tu salario mensual, en ella: tienes rendimientos competitivos (por arriba de muchas opciones de inversión), es de fácil acceso, no tiene costo, tus ahorros están seguros y tu dinero se invierte en alternativas que conservan el valor del mismo a largo plazo. Verifica los datos que aparecen en el estado de cuenta que envía tu Afore (deben enviarte un estado de cuenta, mínimo tres veces al año), ya que cualquier error, por mínimo que sea, puede ser un problema al momento que desees disponer de tus recursos.

Compara el rendimiento neto que ofrece tu Afore con otras, además, en caso de desempleo, puedes hacer un retiro parcial cada cinco años (la cantidad depende del salario base de cotización, tiempo con la cuenta individual y las semanas de cotización), por otro lado, si te quedaste en ceros tras tu boda, y cotizas al IMSS, puedes hacer un retiro para gastos por este concepto, este instituto de seguridad social te permite aprovecharlo incluso si llevas unos años de casado, aunque no más de una vez en la vida.

1 ING Retirement Research Intitute. Complejidad Cultural: examen de los hábitos, actitudes y preparación financiera y para la jubilación de la diversa fuerza de trabajo de los Estados Unidos, 2012.

2 AMAFORE. Encuesta Nacional sobre la situación que enfrentan las personas en edad de retiro, 2013.

3 Banco de México. Bono demográfico y educación en México, 2013.

4 INEGI, 2013.

Sabías que…ahorro2

La cultura de ahorro en países europeos y asiáticos data de cientos de años atrás, por ejemplo; durante el siglo XIX, los gobiernos europeos buscaron formas de inculcar el hábito del ahorro, a través de múltiples bancos que permitieron a las masas ahorrar, al aceptar pequeños depósitos y la colocación de cajas de ahorro postal, en ellas los ahorradores podían hacer depósitos bancarios en cualquier agencia de correo, y para los niños y jóvenes, se instituyeron cajas de ahorro en las escuelas.

Asimismo, durante las dos guerras mundiales, los ciudadanos fueron concientizados de la importancia de ahorrar. Dichas campañas continuaron en Japón y Europa mucho después de 1945 para financiar la reconstrucción. Dichos factores fomentaron la cultura del ahorro que hoy en día perdura en muchas economías avanzadas.

The New York Times. Why we spend, why they save, 2011.

Vía: CONDUSEF