EDITORIAL MAYO

Ya son 23 años desde que México se integró al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Ahora el país se encuentra en una posición de incertidumbre y en espera de que Donald Trump, envíe al Congreso su propuesta de renegociación de este mismo acuerdo, partiendo del criterio que el déficit que tiene con nuestro país provoca desempleo y la quiebra de sus empresas.

Sin embargo los datos indican que su déficit comercial total fue superior a 500 mil millones de dólares el año pasado, mientras que sólo fue de 60 mil millones con México, lo que representó 0.2 por ciento de su PIB, disminuyendo de manera importante en los pasados años.

El hecho de que tengamos un superávit comercial con Estados Unidos significa que exportamos más de los que importamos de ese país. El comercio entre México, Canadá y Estados Unidos, se ha cuadruplicado desde 1994, hasta llegar a los 1.14 billones de dólares.

Las exportaciones de México solo en los años 90’s representaban apenas el 12.1% del PIB, y hoy son más del 35% de éste, es decir, poco más de un tercio del indicador nacional.

Es importante recordar que México es el segundo comprador de productos estadunidenses, por lo que no solo Estados Unidos es importante para México, también es cierto que México es muy importante para Estados Unidos.

Luego de que Trump calificara al TLCAN como “uno de los peores acuerdos” firmados por Estados Unidos, a México le preocupa la renegociación o incluso el fin del pacto, así como nuevas políticas gubernamentales de Estados Unidos que pudieran adoptarse como la implementación de impuestos a la importación.

Y no solo a México, estos posibles cambios preocupan empresarios extranjeros de diversos sectores manufactureros como el automotor, el de aviones, el electrónico y otros más que tienen sus procesos productivos integrados en las tres naciones.  Por ejemplo, se estima que cerca de 40 por ciento de los componentes de los automóviles que exporta México es a su vez importado previamente de Estados Unidos.

Terminar con el TLCAN afectaría a Estados Unidos: seis millones de empleos estadounidenses dependen de las exportaciones a México, según los funcionarios mexicanos. Pero para los mexicanos el resultado podría ser devastador.

Sin el TLCAN, el comercio entre México y Estados Unidos se regiría según las reglas de la Organización Mundial del Comercio.

Si a todo este panorama se le suma la posición de Trump ante la construcción de un muro que divida aún más a las naciones, es necesario que nuestro país tenga claras sus prioridades, anteponga el interés nacional con dureza y sobre todo aliste su estrategia.

Es un hecho que Trump se encuentra listo, aún con su impopularidad del 58% entre la población estadunidense -a 100 días de gestión- y sus pocas atinadas decisiones. Pero listo.