Por: Iván Rojas Dosal

Ante el panorama de incertidumbre por las decisiones en materia comercial y fiscal que podría tomar el gobierno estadounidense, el Banco de México (Banxico) redujo el pronóstico de crecimiento de la economía mexicana por quinta ocasión consecutiva.

Esta vez previó un PIB situado en un rango de 1.3 a 2.3%, cifra menor a la previsión anterior, que era de 1.5-2.5%.

Los riesgos que más preocupan al Banxico son los que pueden impactar a la economía mexicana en su conjunto, como una eventual reducción en la calificación crediticia del país, así como una caída en el flujo de las remesas, principalmente.

Lo que alerta al país es la decisión de diversas empresas en cancelar o posponer sus planes de inversión a raíz de los eventos recientes en Estados Unidos; que se implemente una política comercial o fiscal altamente proteccionista en el país vecino y que afecte las exportaciones mexicanas conduciendo a un mayor deterioro de la confianza de los consumidores y empresas.

Con esto, se podrían observar episodios de elevada volatilidad en los mercados financieros internacionales, que a su vez pudieran reducir las fuentes de financiamiento hacia México.

Lo que es un hecho es que hacia finales de este año se espera que la inflación se vea afectada de manera temporal por cambios en los servicios por la depreciación del tipo de cambio real y el impacto transitorio de la liberalización de las gasolinas.

Ante esta realidad es indispensable fortalecer el estado de derecho y garantizar la seguridad jurídica, con el fin de propiciar un entorno más favorable para el crecimiento.

Independientemente de cualquier acontecimiento externo, México debe continuar incrementando su competitividad frente al exterior e impulsar su potencial de crecimiento en el mercado interno.